Seis «picaos» cumplen penitencia en San Vicente en la Cruz de mayo
EFE / Logroño
Un total de seis «picaos» han revivido este domingo esta tradición y han cumplido penitencia durante la procesión del Vía Crucis, celebrada en de San Vicente de la Sonsierra con motivo de la festividad de la Cruz de mayo.
El portavoz de la Cofradía de la Santa Vera Cruz, José Ramón Eguiluz, ha detallado a Efe que los seis penitentes han estado acompañados por los vecinos del pueblo, en un ambiente «recogido e íntimo», como es habitual en esta celebración y en la Cruz de septiembre, frente a las multitudinarias procesiones que se celebran de Semana Santa en esta localidad riojana.
Los seis «picaos» se han incorporado a la procesión al Calvario, que se prolonga durante tres kilómetros, y han recorrido descalzos un tramo de un kilómetro mientras se flagelaban.
La Cruz de mayo se celebra habitualmente el 3 de mayo, pero se traslada al domingo siguiente si no cae en ese día, y lo mismo ocurre con la Cruz de septiembre, que se festeja el 14 de ese mes.
La ermita protorrománica de San Juan de la Cerca de San Vicente, de unos 1.100 habitantes, acoge la sede de la Cofradía de la Santa Veracruz, cuyos estatutos datan de 1551, aunque este culto se remonta siglos atrás, a «tiempo inmemorial», sin que haya documentos que certifiquen su origen, según Eguiluz
El disciplinante debe ser varón, mayor de edad, católico y, si no es miembro de esta cofradía, tiene que aportar un certificado de su párroco que acredite su sentido religioso.
Los «picaos» han procesionado ataviados con una capa marrón sobre una túnica de lino blanco que les cubría el rostro y dejaba al descubierto la espalda, donde se han golpeado con un flagelo denominado «madeja», confeccionado con cuerdas de cáñamo de unos 80 centímetros y cuyo peso oscila entre 850 y 950 gramos.
Cada penitente se ha infligido entre 750 y 950 golpes a ambos lados de la espalda, hasta que el cofrade que lo ha acompañado en la penitencia ha decidido que ya ha cumplido la disciplina y entonces ha avisado al «práctico», que es otro miembro de la cofradía encargado de «picar» la piel de las lumbares.
Con una «madeja» distinta, el «picao» se ha vuelto a dar otra veintena de golpes y, acompañado por su padrino, ha regresado a la sede de la cofradía, donde han limpiado sus heridas únicamente con agua de romero, hecha por los «prácticos» y mantenida al sereno durante 24 horas.






